Martes, agosto 21, 2018
REFLEXIÓN

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<<Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza>>

(Salmos 3:3).

EL HECHO DE BAJAR LA CABEZA y encorvar los hombros suele asociarse con el sentimiento de la derrota. Cuando un equipo pierde un partido, los jugadores, generalmente, salen con la cabeza gacha. Es muy común ver personas agobiadas por las circunstancias de ña vida, cuyo espíritu esta decaído; sus sentimientos en el suelo y sin deseos de superación. Personas que no pueden levantar la cabeza, aunque se esfuercen y busquen respuestas en libros de superación personal y por otros medios.

El versículo de hoy afirma que hay alguien capaz de levantar la cabeza del que ya no tiene esperanzas, sueños ni ánimos de seguir. Hay un Dios en los cielos que lo ama y que le dice todo aquel que está cansado puede acudir a él. Tal vez tú te sientas así en el momento; si es así, te invito a ir a Cristo, pide su ayuda. Él levantará tu cabeza y, si lo sigues, te dará fuerzas para resistir el mal, nacerá la fe en tu corazón y permanecerás erguido en ella. Cristo será tu escudo y fortaleza. Podrás decir: <<Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré ni a una gran multitud que ponga sitio contra mí>> (Salmos 3:5,6).

Cuando nuestra situación es difícil, no nos queda más que clamar a dios por ayuda. Por ejemplo, David, en medio de una gran tribulación, pero con mucha confianza en Dios, imploro el socorro divino. Mientras más abatido es el creyente por el maligno, ya sea por represiones de la Providencia, el ataque de sus enemigos o alguna enfermedad, tomará una postura más firme y se unirá más estrechamente a Dios, su Señor y Salvador.

Lo primero que hizo David fue llevar su aflicción a Dios, abrió el corazón en su presencia. Saco fuera, en voz alta, todas aquellas angustias que oprimían su pecho y las puso ante el trono de la gracia. Qué bien nos hace llevar nuestra pena y dolor en oración hasta aquel que no solamente nos ama, sino que también puede compadecerse de nuestra aflicción; porque él mismo fue varón experimentado en quebrantos; y nos invita a acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Cuando entramos en la presencia de Dios vemos más allá de nuestros problemas. Por eso, David dijo: <<Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza>> (Samos 3.3).

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<<Amados, por el gran deseo que tenia de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros para exhortaros a que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos>> (Judas 1:3).

LA VIDA ESPIRITUAL es una lucha constante. Esta batalla debe ser fuerte, ardiente y audaz, porque la fe que Dios ha implantado en cada corazón es valiosa; el libro de Hebreos dice: <<Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de los que no se ve>> (11:1), y agrega: <<Sin fe es imposible agradar a Dios>> (11:6)

Primero, debemos vencernos a nosotros mismos, tomar nuestra carga y depositarla a los pies de Jesús. A cambio, el nos transforma a su semejanza y nos regala la fe que necesitamos. Nos ordena luchar intensa y constantemente, contra todo lo que se opone a nuestras convicciones cristianas. Se trata de una lucha fuerte y agotadora, una lucha sin pausas (véase Mateo 26:41). El apóstol Santiago pregunta: <<De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?>> (Santiago 4:1). Esa lucha es intensa, pero Cristo Jesús ya venció y nos invita a permanecer a su lado. Segundo, tenemos la lucha con el mundo.

Nada de lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16, 17).

Por eso, se nos insta a no amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo. El cristiano debe ser como el lirio, que crece limpio en medio del fango.

Tercera, la lucha titánica es directamente contra Satanás. El se atrevió a tentar a Cristo en el desierto de todas formas, pero Cristo lo venció y fue derrotado totalmente en el cruz del Calvario.

Cuando sientas que estas perdiendo la batalla contra tu ser, contra el mundo o contra Satanás, permanece del lado de Jesús, quien puede concederte mas que la victoria.

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<<Yo te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Y unge tus ojos con colirio para que veas>> (Apocalipsis 3:18)

LAODICEA REPRESENTA a la iglesia en el último periodo de la historia de la humanidad. Por esa razón, Satanás ha agudizado su estrategia para atacarla fuertemente, ya no con persecuciones o asesinatos, sino con ataques más sutiles, silenciosos. El profeta Juan relata que la condición de la iglesia es de tibieza espiritual. Además, creen que no necesitan nada pues todo está bien a sus ojos. El orgullo ha llenado su corazón y no permite que vean su condición, deplorable, con claridad. No alcanza a visualizar que Jesús viene pronto y que la patria celestial está cercana; por eso, no repara en la preparación necesaria para recibir a Cristo.

A pesar de todo, Dios aún tiene misericordia hacia la iglesia de Laodicea, y le hace un llamado individual. De esta manera, entendemos que él es la fuente de todo lo que necesitamos, debemos acudir a él. Definitivamente, la salvación es libre, gratuita, sin ningún costo; entonces, ¿cómo entendemos el llamado de Dios de «comprar» de él?

La definición de comprar, según el diccionario de la Real Academia Española, es «obtener algo con dinero»; en otras palabras, podríamos decir que es un intercambio. Ahora bien, el intercambio que debemos hacer con Jesús es entregarle nuestra miseria, orgullo, vanagloria y justicia propia, y él a cambio nos dará el perdón de nuestros pecados, vestiduras blancas, fe (como oro refinado) y poder del Espíritu Santo, como el colirio que quita la ceguera para ver claramente el reino de Dios. El amor del Creador por nosotros es tan grande que recibe nuestra inmundicia para darnos oro puro. De este modo, el Espíritu Santo hace una conversión completa en nuestra Vida y nos prepara para encontramos con el Señor.

La única manera de contrarrestar la tibieza es que Cristo ocupe el primer lugar en nuestro corazón. La apostasía ha de ser confrontada con la fidelidad de Dios. La laxitud, con la convicción nacida de su autoridad. La pobreza, con su riqueza. El frío, con el poderoso fuego de su entusiasmo.

Necesitamos hacer un intercambio con Dios; entregarle todo lo que somos, toda nuestra escoria, a fin de que él implante en nosotros un nuevo corazón, lleno de amor, fe, fidelidad y fortaleza en nuestro amado Padre celestial. ¡Hazlo ahora! No pierdas más tiempo.

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<<Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí también estará mi servidor.

Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará>> (Juan 12:26)

SERVIR A DIOS en la proclamación del evangelio es un gran privilegio para el cristiano, y una oportunidad de colaborar con el reino de Dios. Una vida de servicio abnegado deja huellas en el camino, que orientan a otros a la cruz del Calvario.

Bendita será la recompensa de la gracia para quienes han trabajado para Dios con sencillez de fe y amor. El valor del servicio a Dios se mide por el espíritu con el que se presta, antes que por la duración del tiempo pasado haciendo el trabajo (E. G. White, Testimonios para la iglesia, t. 9, pág. 61).

La Vida de John Nevis Andrews, primer misionero adventista enviado al extranjero en 1874, estuvo marcada por el servicio. Aceptó el llamado de Dios en una reunión de la Asociación General, cuando leyeron las cartas enviadas desde Europa pidiendo los servicios de un pastor, porque querían saber del mensaje. E. G. White se paró en la reunión y dijo:

-El Señor me ha mostrado que tenemos que llevar este evangelio a todos los rincones del mundo, de parte del Señor Viene este llamado. ¿A quién enviaremos? ¿Quién irá por nosotros?

En la parte de atrás de esa iglesia había un hombre sentado; de pronto, se puso de pie y dijo:

–Yo iré. Aquí estoy, envíenme a mi.

En menos de treinta días estaba listo para irse de misionero a Europa, con la familia que le quedaba, porque su esposa había muerto hacía casi dos años. Sus dos hijos menores también habían muerto; así que viajó con su hija de doce años, Mary, y su hijo de diecisiete, Charles. Llegaron a Basilea, Suiza y, después de seis semanas, acordaron que en su casa solamente hablarían francés, no inglés. Así comenzó la redacción de 1a primera revista adventista, Signs of the Times, en francés.

El pastor J. N. Andrews no recibía ningún sueldo; por lo tanto, con los pocos ahorros que llevó tenía que sostener a su familia y la publicación de la revista. Para no generar grandes gastos, vivían con muchas limitaciones. Consiguieron una pequeña imprenta que pusieron en el cuarto donde vivían. El pastor Andrews escribía, su hija traducía al francés y Charles imprimía.

Esa fue una vida marcada por el sacrificio y el servicio voluntario y desinteresado en favor de la causa de Dios. Oremos por un servicio de entrega y gozo en el pronto regreso de Jesús.

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¡Oíd la palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra, pues no hay verdad, ni misericordia ni conocimiento de Dios en la tierra (Oseas 4: 1).

EL PUEBLO de Israel se dividió en dos después del reinado de Salomón: el reino del norte y el reino del sur. De todos los reyes de Judá, cuatro intentaron hacer la voluntad de Dios: David, Josafat, Ezequías Y Josías; pero de los reyes del norte, no hubo ninguno que lo hiciera, Cuando Jeroboam I reinó en Israel, levantó un becerro de oro en cada extremo del reino a fin de que el pueblo no subiera a Jerusalén para adorar al Dios verdadero. Más adelante, el reinado de Jeroboam II se caracterizó por la idolatría, la corrupción y la prosperidad material. En sus días se estimulaba el lujo en todas sus formas, se pervertía la justicia y se oprimía al pobre. El adulterio era una práctica religiosa. Todos los niveles sociales se habían corrompido. Los sacerdotes estaban entregados a la idolatría y se unían con el pueblo en su pecaminosidad.

En medio de esta situación, Dios llamó al profeta Oseas para amonestar la maldad del reino del norte y llamarlo al arrepentimiento pero sus palabras no fueron escuchadas. Por medio del matrimonio de Oseas, Dios ejemplifico su amor por el pueblo. El profeta llegó a entender el sufrimiento de su Padre: así como Dios fue rechazado por Israel, él lo fue por Gomer. y del modo en que Dios sintió compasión por su pueblo, Oseas se compadeció de su esposa. Tanto Gomer como el pueblo de Israel fueron como el hijo pródigo, quien después de haberse extraviado volvió al hogar. Este episodio evidencia el gran amor de Dios por el hombre, que sin importar cuán lejos este se haya ido, no mengua ni cambia. Así como Oseas rescató a su esposa del pecado y del olvido, Dios liberó a Israel del error y el extravío.

Resulta difícil comprender la paciencia de Dios, su gran amor y su misericordia. Cada vez que te alejas y vuelves a él, ¿experimentas la inmensidad de su ternura o sientes que Dios puede cansarse de perdonarte? Así como el Señor recibió nuevamente al pueblo de Israel en sus brazos de amor, nos recibe también a nosotros cada vez que nos arrepentimos. Tal es su misericordia que desea que nos acerquemos a su presencia para amarlo como él nos ama.

Ahora es el momento de acercarte a tu Padre amado y entregarle todo lo que eres. Colócate bajo su sombra y siente cómo él te sostiene en sus brazos.

0 102

<<Aquí estoy; atestiguad contra mi delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno o si de alguien he aceptado soborno para cerrar los ojos; y os lo restituiré>> (1 Samuel 12:3).

UNA DE LAS NECESIDADES del cristiano es ser íntegro y transparente ante el mundo. Ahora bien, ¿qué es transparencia? Es la capacidad que tiene un objeto de dejar pasar la luz y permitir la vista a través de él. La transparencia es medida por la mecánica cuántica. Es probada por la radiación infrarroja, la luz ultravioleta, los rayos X o los rayos gama.

Los materiales que cumplen estas características son dos: el vidrio y el aire.

Confianza y honradez son sinónimos de transparencia en la vida de los creyentes porque no esconden nada a la vista de los demás. Dios nos pide que seamos como el vidrio o el aire; también nos pide que seamos así en nuestra conducta, en nuestro trabajo que a diario realizamos, en nuestras transacciones comerciales y con nuestra familia.

Cuando la luz del evangelio penetra en nuestro corazón y llevamos una vida transparente, esa luz también alumbrará a los demás e iluminará sus caminos hacia Cristo.

La vida del profeta Samuel fue una vida así. Cuando le preguntó al pueblo si había algo que le reprochara o le reclamara, los israelitas respondieron que su vida era intachable (véase 1 Samuel 12: 4). La Biblia confirma que Samuel se mantuvo fiel a Dios (3: 20). Dios requiere de sus hijos transparencia en el diario vivir, tal como Samuel, porque una vida oscura y opaca nunca llegará al reino de Dios.

El consejo de Dios es:

No tendrás en tu bolsa una pesa grande y otra pesa chica, ni tendrás en tu casa un efa grande y otro efa pequeño. Una pesa exacta y justa tendrás; un efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová, tu Dios, te da (Deuteronomio 25: 13-15).

Hoy, pidamos que la luz de Dios ilumine nuestro interior, y que esa luz se refleje a través de nosotros para alumbrar al mundo.

0 119

«Había criado a Hadasa, es decir, a Ester, hija de su tío, porque era huérfana

La joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya» (Ester 2: 7).

UNA DE LAS MALAS DECISIONES de muchos es aferrarse al pasado. Miran hacia atrás y solamente logran ver su desgracia y su Incapacidad. En lugar de crecer, disminuyen. Quedan encerrados en un círculo vicioso en el que el pasado no los deja avanzar hacia el futuro. Las malas decisiones del pasado se convierten en una telaraña de la que no pueden escapar.

Ester fue diferente. Aunque sabía que era adoptada, porque sus padres habían muerto, Mardoqueo la había criado con mucho cuidado y dedicación, enseñándole los principios basados en la Palabra de DIOS. Ella aprovechó toda oportunidad para avanzar. Entregó su corazón a Dios y dejó que él dirigiera su futuro. Cuando el rey Asuero le colocó la corona real, la aceptó como la voluntad de Dios, sin intimidarse, aunque no era de la aristocracia. Si ella se hubiera aferrado a su hermosura y su buen parecer en lugar de a Dios, habría fracasado y nunca hubiéramos conocido su historia.

No pienses más en tu pasado o en la poca suerte que has tenido, ni en las injusticias que sufriste. No dejes que nada ni nadie ponga límites a tu Vida. Dios te ha dado libertad para pensar, creer, intentar y triunfar. Sin importar las circunstancias, el lugar o lo que digan, mira hacia adelante, usa tu fe, porque cuando Dios actúa, ¿quién podrá impedirlo? No hay fuerza humana que tenga ese poder. El salmista afirma con mucha razón: «Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, jehová me recogerá» (Salmos 27: 10). Si tenemos esa confianza en Dios, seremos guiados en el presente y Dios dirigirá nuestro futuro, porque habremos puesto nuestra vida en sus manos.

Ester creyó en su Dios, confió en él, oró y ayunó, y Dios contestó su oración. Se convirtió en un instrumento para liberar al pueblo judío de la destrucción. Aun si has tenido un pasado oscuro o te hayan faltado oportunidades como la de Ester, puedes mirar con confianza hacia el futuro, sabiendo que Dios proveerá siempre los medios para cumplir su voluntad en tu vida. Hoy, ora para que Dios te muestre los planes que tiene para ti y déjate conducir por el Espíritu Santo.

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«La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria,  justa y piadosamente» (Tito 2: 11. 12).

LA GRACIA SALVADORA DE CRISTO ofrecida a toda la humanidad comenzó desde antes de la fundación del mundo. El apóstol Pablo así lo afirma: «Nos escogió en el antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de el» (Efesios 1: 4). No fuimos predestinados para ser destruidos, sino para ser salvos por su gracia Desde antes que este planeta fuera creado por Dios, ya nos había elegido para ser destinatarios de su gracia en caso de que eligiéramos separarnos de el. Lo más excelso de la gracia divina es que nos eligió para el, Para ser parte de su pueblo, y esta elección fue antes de la creación. El apósito Pablo menciona:

Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que el sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8: 28, 29).

La gracia divina tuvo su comienzo, pero también tiene su fin. Pronto llegará el fin de la gracia para el universo, marcado por algunos eventos sobresalientes. Primero, terminará el sellamiento de los que han aceptado a Cristo como su Salvador personal, como lo podemos leer en Apocalipsis. En ese momento, los ángeles que están deteniendo los poderes de la naturaleza habrán de soltarlos a la orden de Dios, porque el tiempo de Dios habrá sido cumplido y todo habrá terminado. Solamente los que hayan aceptado la gracia de Cristo vivirán por fe, mientras viene el Señor y los rescata del gran cataclismo para llevarlos al cielo. El sello en la frente tiene que ver con la fe profunda del hombre en Dios.

La caída de las siete postreras plagas también será un indicador de que la gracia habrá terminado. Este evento terrenal será consecuencia del fin de la intercesión de Cristo en el Santuario celestial. El apóstol Juan menciona: «El templo se llenó de humo por causa de la gloria de Dios y por causa de su poder. Nadie podía entrar en el templo hasta que se cumplieran las siete plagas de los siete ángeles» (Apocalipsis 15: 8)

El fin del sellamiento y las siete postreras plagas marcarán el fin de la gracia para el planeta Tierra, y nosotros necesitamos prepararnos hoy para ese momento final, ya quela gracia todavía es concedida.

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«La Ley, pues, se introdujo para que el pecado abundara; pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5: 20).

MUCHAS VECES, no se toma en cuenta cuando comienza la gracia para una persona, pero si cuando termina. El Evangelio de Juan dice: «A todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1: 12). Quiere decir que, cuando una persona acepta a Cristo en su vida y lo recibe en su corazón, comienza a recibir la gracia de salvación. Existe un vínculo entre el ejercicio de la fe y la recepción de la gracia: «Si son fieles a su voto, serán provistos de gracia y poder que los habilitará para cumplir con toda justicia. “A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”» (E. G. White, El evangelismo, pág. 226). La gracia de Cristo en el alma es como un manantial en el desierto, cuyas aguas brotan para refrescar a todos.

León Tolstoi, famoso escritor ruso, describe su aceptación de la gracia salvadora de Cristo de la siguiente manera: <<Hace cinco años la gracia y la fe de Cristo me encontraron; yo creí en la gracia de Cristo Jesús, y toda mi vida cambió repentinamente. Dejé de desear lo que antes anhelaba y, por otro lado, comencé a querer lo que nunca había deseado. Lo que anteriormente me había parecido bueno, apareció ahora como malo, y lo que solía ver como malo ahora me parecía bueno». Cuando se acepta la gracia de Cristo, cambia la vida por completo: el orgullo se convierte en humildad, el odio en amor y el egoísmo en generosidad.

¿Cuándo llega el fin de la gracia para un individuo? Si la gracia comienza cuando creemos en Cristo y lo aceptamos como nuestro salvador, entonces puede terminar cuando nos alejamos de él y la muerte irrumpe en nuestra vida. En el Evangelio de Mateo, la Biblia habla de una persona que rechazó a Cristo después de haberlo acompañado fielmente: Judas Iscariote, quien no solamente dejó de seguirlo, sino también lo traicionó. Judas, desde ese momento, rechazó la gracia divina y decidió quitarse la vida. Judas optó por el suicidio ya que su corazón quedó vacío, sin Dios Y sin esperanza. La experiencia de judas nos muestra que la gracia puede terminar cuando morimos sin Cristo.

Vivamos bajo la gracia de Dios. No la rechacemos, ni desaprovechemos; aferrémonos a ella para ser salvos en Cristo.

0 150

<<Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios>> (Efesios 2: 8).

CRISTO ES EL MEDIADOR de todas las bendiciones para la humanidad: hace que salga el sol, envía la lluvia a su tiempo y mantiene nuestro planeta en su órbita. Por su gracia, vivimos, nos movemos y somos. El apóstol Pablo menciona que Dios el Padre es un Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo. Entonces, ¿que es la gracia de Dios? Es un don del cielo que no merecemos pero que Dios nos regala por amor. Es un atributo de Dios que le da al hombre la oportunidad de vivir y de conocerlo. Es una actitud generosa de Dios hacia nosotros.

La vida cristiana está contenida en su totalidad en la gracia de Dios; misma que es abundante y suficiente para toda emergencia y necesidad, Es por eso que todo pecador tiene la oportunidad de acercarse y ser perdonado por Dios.

En Escocia, hubo una época en que escaseó el alimento. La gente no tenía que comer, y los que más sufrían eran los pobres. Había una aldea en la que vivía una viuda que tenía varios hijos. El hijo mayor tenia dieciséis años y estaban sufriendo por el hambre. Aquel hijo mayor fue en busca de huevos de aves a las montañas escarpadas de Escocia. Llegó junto con otros amigos, amarró la soga a un árbol y bajó a treinta metros sobre el filo del risco para buscar los nidos. Encontró suficientes como para llenar la mochila que llevaba. Cuando intentó subir, aparecieron cientos de aves a la defensa de sus huevos. El trató de alejarlas pero no pudo. A causa de esa lucha, la soga estaba a punto de romperse; así que subió con mucho cuidado pero cuando estaba a punto de llegar, la soga se partió. Sin embargo, uno de sus amigos le lanzó otra soga, de la que se aferró y pudo salvar su vida. ¿Se salvó por casualidad? No, fue por la gracia y misericordia de su amigo. De la misma manera, la gracia no se obtiene por favores ni por esfuerzos humanos, ni por ser buena persona; sino únicamente porque a Dios le place salvarnos. Recibamos hoy la gracia que Dios nos ofrece.

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