Jueves, octubre 18, 2018
REFLEXIÓN

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<<Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán>> (Isaías 40:31).

DIOS ES INCOMPARABLE, su poder no tiene limites. <<Midió las aguas con el hueco de su mano, y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra» (Isaías 40: 12). Él no tiene necesidad de consejo alguno, ni de ser enseñado, porque las naciones son delante de él como una gota de agua que cae del balde o como nada ante sus ojos. <<Él esta sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar» (Isaías 40: 22).

Cuando Jesús estaba en la barca con sus discípulos y vino una gran tempestad que azotó fuertemente al barco, los discípulos se llenaron de temor; pero Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Ese es el poder de Dios, es el creador del viento, la lluvia y el fuego. Isaías dice: «Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres y ninguna faltará. ¡Tal es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio!» (Isaías 40: 26).

Quisiera invitarte a levantar tus ojos y mirar a Dios, el omnipotente, omnipresente, excelso, grandioso. Porque él lo conoce todo: dónde vivimos, cuál es nuestro nombre, carácter, conducta y corazón. Ninguno pasa desapercibido. Está al tanto de todo lo que sucede en el mundo entero; por eso debemos confiar en él. Jeremías menciona: «Maldito el hombre que confía en el hombre […]. Bendito el hombre que confía en Jehová, porque será como el árbol plantado junto a las aguas» Jeremías 17: 5, 8). Esperar en Dios consiste en depender de él para todo en la vida. Si esperamos en él, no nos dará todo lo que queremos, pero si todo lo que necesitamos. A veces en la espera podemos pasar por el fuego, pero debemos seguir confiando en que él fortalecerá nuestra debilidad.

Cuando creas que las circunstancias de tu vida han llegado al límite y sientas que ya no puedes más, Dios estará allí y te dará las fuerzas para resistir en la fe. Esas fuerzas espirituales contrarrestarán a las fuerzas del mal. Así como los agricultores saben que las frutas más dulces son las que esperan en el árbol su tiempo de maduración, nosotros sabemos que si permanecemos conectados a Dios, él renovará nuestras fuerzas y nos sostendrá hasta su regreso.

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<<Hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que, de la manera que aprendisteis de nosotros como os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis mas y mas>> (1 Tesalonicenses 4: 1).

MIQUEAS SE HACÍA ESTA PREGUNTA:

¿Con que me presentaré ante Jehová y adoraré al Dios Altísimo? ¿M presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, le fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? (Miqueas 6:6,7).

Lo que Miqueas se preguntaba era cómo agradar a Dios. Generalmente, los seres humanos vivimos para agradarnos a nosotros mismos o intentamos agradar a otras personas. Pero la respuesta a la pregunta del profeta es: Con una  fe inquebrantable, una confianza plena en Cristo nuestro Salvador, <<porque sin fe es imposible agradar a Dios>> (Hebreos 11:6).

A Dios le desagrada la duda, <<porque el que duda es como la onda del mar que es arrastrada por el viento, y echada de una parte a otra>> (Santiago 1:6).

No perdáis pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa. […] <<Mas el justo vivirá por fe; pero si retrocede, no agradará a mi alma>>. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10: 35, 38, 39).

La rectitud, la bondad y la humildad siempre han de caracterizar al hombre según el corazón de Dios.

Miqueas concluye: <<Hombre, el te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios>> (Miqueas 6: 8). A Dios le agrada el temor de sus hijos que actúan con justicia, pero también los que son obedientes a los padres y a Dios. A todos ellos Dios les da sabiduría, ciencia y gozo.

Oremos para tener mas fe, practicar la justicia y amara a Dios sobre todas las cosas, a fin de que nuestra vida sea agradable a Dios en todo momento, y podamos comprobar <<cual es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta>> (Romanos 12: 2).

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<<Ahora huye a tu lugar; yo dije que te honraría, pero Jehová te ha privado de honra>> (Números 24:11).

UNA VEZ QUE BALAAM cumplió la voluntad de Dios de bendecir tres veces a Israel y no maldecirlo como deseaba Balac, se retiro y se fue a su lugar, a Mesopotamia. <<Después de que llegara a su casa, le abandono el poder del Espíritu de Dios que lo había dominado, y prevaleció su codicia, que hasta entonces había sido tan solo refrenada>> (E. G White, Patriarcas y profetas, pág. 480).

Estando allí, comenzó a recordar el ofrecimiento de los regalos y dinero de Balac. ¿Por qué no los había aceptado? Pensaba en la recompensa, en el pago de su salario. Así que maquino un plan mas efectivo que el anterior, como no pudo maldecir al pueblo, ahora pensó que si las mujeres de Moab se mezclaban con los hombres de Israel y los inducían a la adoración de Baal- peor y a la inmoralidad, Dios se enojaría con ellos, les retiraría su bendición y los destruiría sin que Balac peleara con ellos.

Con esa idea en mente, regreso a Moab y le presento el plan diabólico a Balac. A este le pareció una excelente idea, lo acepto, le pago bien y se quedo allí para ayudarlos a realizar el plan y ver los resultados.

Balaam presencio el éxito de su plan diabólico. Vio como caía  la maldición de Dios sobre su pueblo y como millares eran victimas de su juicios; pero la justicia divina que castigo el pecado en Israel no dejo escapar a los tentadores. En la guerra de Israel contra los madianitas, Balaam fue muerto (ídem, pág. 481).

Así lo confirma la Escritura: <<También mataron a espada a Balaam hijo de Beor>> (Números 31: 8). A aquel que rechaza los planes de Dios, su santa voluntad y se aparta del camino del bien, a menos que se arrepienta a tiempo y busque a Dios de todo corazón, le espera un fin desastroso. La gracia se retirara de el y quedara a expensas de las fuerzas del mal.

La suerte de Balaam se asemeja a la de Judas y el carácter de ambos resulta similar: tanto Balaam como Judas trataron de alcanzar riquezas y honores. <<recibieron mucha iluminación espiritual y […] gozaron de grandes prerrogativas; pero un solo pecado que ellos abrigaban en su corazón, enveneno todo su carácter y causo su destrucción>> (White, ídem).

El consejo es permanecer en el camino de Dios sin permitir que la codicia, la ambición a las tentaciones de Satanás nos enreden. La voluntad de Dios es santa y perfecta. Prepárate para vivir cada día con el objetivo de llegar al cielo.

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<<Partieron los ancianos de Moab y los ancianos de Madian con las dadivas de adivinación en sus manos. Llegaron a Balaam y le comunicaron las palabras de Balac>> (Números 22:7).

HOY RECORDAREMOS el momento en el que los ancianos llegaron con las manos llenas de regalos para Balaam.. la intención de Balac era despertar en el corazón de Balaam, la ambición y la codicia. Pareciera haberlo logrado, al decirles a los viajeros que se quedaran esa noche en su casa. Balaam conocía muy bien que Israel era el pueblo de Dios y su especial tesoro.

La segunda vez, Balac envió a sus mensajeros de mayor autoridad, hombres mas honorables que los anteriores, a decir a Balaam: <<Te ruego que no dejes de venir a mi, pues sin duda te honrare mucho y hare todo lo que me digas. Ven, pues, ahora, y maldíceme a este pueblo>> (Números 22: 16, 17). El profeta les dijo nuevamente que podían quedarse en su casa. Él sabía que Dios no quería que fuera pero a pesar de eso seguía insistiendo con la idea de ir con ellos. Por su terquedad, le fue permitido ir.

El pecado de la avaricia que, según la declaración divina, es idolatría, le hacía buscar ventajas temporales, y por ese solo defecto, Satanás llego a dominarlo por completo. Esto ocasionó su ruina. El tentador ofrece siempre guanacia y honores mundanos para apartar a los hombres del servicio de Dios […]. Una vez que se hayan entregado al dominio de la codicia y a la ambición de poder se atreverán a hacer las cosas más terribles (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 469).

La avaricia causa opresión. Pidamos a Dios que nos libre de la ambición y nos acerque a su corazón.

0 30

<<Israel estaba en Sitim cuando el pueblo empezó a prostituirse con las hijas de Moab>> (Números 25: 1).

EL PUEBLO DE ISRAEL gozaba de las bendiciones de Dios pero cuando se alejaba de el sufría las consecuencias. Bien señala el salmista: <<El que habita al abrigo del Altísimo morara bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré>> (Salmos 91: 1, 2).

Durante los periodos de prueba, el pueblo se mantenía fiel a firme ante Dios. Pero por otro lado, se confiaba e ignoraba lo que acontecía a su alrededor. No sabían que Dios estaba protegiéndolos de la maldición que Balac quería enviar sobre ellos. Balaam había dicho: <<Este pueblo, como león se levanta, como león se yergue. No se echara hasta que devore la presa y beba la sangre de los muertos>> (Números 23: 24).

Como dice el versículo de hoy, el pueblo de Israel comenzó a prostituirse con las hijas de Moab, las cuales, invitaban a los sacrificios que ofrecían de sus dioses. Eso encendió la ira de Dios y provocó que retirara su bendición. Dijo entonces a Moisés: <<Toma a todos los príncipes del pueblo y ahórcalos ante Jehová a plena luz del día, para que el ardor de la ira de Jehová se aparte de Israel>> (Números 25:4). Moisés les dijo a los jueces que eliminaran a aquellos de su familia que se habían juntado con Baal. Fue así como murieron 24 000 israelitas por haber ido en pos del pueblo pecado de Moab.

La maldición de Balac nunca cayó sobre Israel porque hasta entonces se mantenían fieles, y los moabitas estaban convencidos de que mientras Israel permaneciera fiel a Dios, el seria su escudo. Pero mas tarde descuidaron su comunión con Dios y Satanás aprovecho para tentarlos al mal. Con la maldición de Balac, Satanás no pudo vencerlos pero al seducirlos a la idolatría, logro hacerlos caer.

El único procedimiento certero consiste en elevar diariamente, con corazón sincero, la oración de David: <<Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen>> (Salmos 17:5).

0 21

<<Dijo Dios a Balaam: “No vayas con ellos ni maldigas al pueblo, porque bendito es”>> (Números 22:12).

EL PUEBLO DE ISRAEL acampo en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Los moabitas se llenaron de temor porque los israelitas eran muchos, y su rey, Balac, recordó que ese pueblo había derrotado a los amorreos. Entonces les comunicaron a los madianitas, sus vecinos y aliados: <<Ahora esta gente va a devorar todos nuestros contornos, como devorar el buey la grama del campo>> (Números 22: 4).

Los moabitas sabían que Dios estaba con su pueblo y que durante su peregrinaje su Dios los había protegido de todo; era inútil atacarlos con armas de guerra. Tenían que buscar la ayuda de los dioses para poder vencerlos y sacarlos de sus tierras, porque suponía que las fuerzas sobrenaturales obrarían a su favor. Así que, decidieron acudir al poder de la hechicería para contrarrestar la fuerza de Dios.

En ese tiempo, había llegado a Moab la fama de un profeta llamado Balaam, de Aram, en Mesopotamia, que tenia esos poderes. Balaam, quien había sido un profeta de Dios y luego había apostado debido a la avaricia y la ambición, usaba sus artificios para ganar dinero y fama. Por lo tanto, Balac decidió pedir su ayuda. Enviaron por el a los ancianos de Moab y Madián, con regalos de adivinación para conquistarlo.

Cuando llegaron a la cada de Balaam, le comunicaron el mensaje del rey Balac. Él sabía que debía rehusar esa invitación, pero no la rechazó, sino que los hospedó. Durante la noche Dios se le apareció a Balaam:

<<¿Quiénes son estos que están contigo?>> Respondió: <<Son mensajeros de Balac rey de Moab que mandó a decirme: “Este pueblo que salió de Egipto cubre toda la tierra. Ven pues, ahora, maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo”>>. Entonces dijo Dios a Balaam: <<No vayas con ellos ni maldigas al pueblo, porque bendito es>> (Números 22: 11,12).

Es aliciente y satisfactorio saber que somos un pueblo bendecido, bajo la condición de la fe y la fidelidad a nuestro Dios. La bendición de la protección divina, la de su Hijo Jesucristo, de la vida eterna, de nuestra salvación. Elevemos nuestra voz en alabanza y gratitud a nuestro Dios por sus grandes bendiciones.

0 31

<<Hare de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti las familias de la tierra>> (Génesis 12: 2-3)

RECIBIR BENDICIONES DE DIOS es un privilegio, pero también una gran responsabilidad. Los cristianos no deberíamos ser como una isla apartada de los demás; tampoco como un embudo que solo recibe pero no da o da muy poco; menos aun como el mar Muerto, que consume todo lo que recibe. Dios desea que seamos un canal por donde fluyan las bendiciones hacia otros, y así ser beneficiados también nosotros mismos. Por ejemplo, Dios bendijo a Abraham con riquezas materiales y espirituales. Recibió también la bendición de un hijo que fue agraciado con la amistad de las naciones vecinas.

Podríamos mencionar algunas <<leyes>> de las bendiciones que recibimos de Dios: la primera es que deben ser dirigidas a otros. Tal como vemos en las palabras que Dios le dijo a Abraham: <<Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición>> (Génesis 12:2). En todo fue Abraham un modelo a seguir por sus coetáneos: en su trato con los demás, su felicidad y en su vida espiritual.

Otra <<ley>> es que cuando bendecimos a los demás, Dios se encarga de nuestras necesidades. Cuando te preocupas por ayudar a otros, Dios asume la responsabilidad de tus problema. Jesús dijo: <<No hay nadie que haya dejado casa, o padres o hermanos o mujer o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna>> (Lucas 18: 29,30).

La siguiente <<ley>> es que aquellas bendiciones que se comparten, retornan. <<Dad y se os dará: medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir>> (Lucas 6: 38)

Por ultimo, cuando las bendiciones retornan, deben volver a ser compartidas. No debemos quedarnos con ellas, porque Jesús dijo: <<A quien se haya dado mucho, mucho se le exigirá, y al que mucho se le haya confiado, mas se le pedirá>> (Lucas 12: 48).

Haz cada día el propósito de guiar tu vida según estas <<leyes>>.

0 21

<<Pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir>> (Hebreos 11:19).

VAMOS A REFLEXIONAR  sobre los momentos posteriores a la petición que Dios le hizo a Abraham.

Regreso a su tienda, y fue al sitio donde Isaac dormía profundamente el tranquilo sueño de la juventud y la inocencia. Durante unos instantes el padre miro el rostro amado de su hijo, y se alejo temblando. Fue al lado de Sara, quien también dormía. ¿Debía despertarla para que abrazara a su hijo por ultima vez? ¿Debía comunicarle la existencia de Dios? Anhelaba descargar su corazón compartiendo con su esposa esta terrible responsabilidad; pero se vio cohibido por el temor de que ella le pusiera obstáculos (E.G White, Patriarcas y profetas, pág. 146).

Con prudencia y fe, tomo a su hijo para ir al sacrificio. Sufriendo en solitario y preocupado por como seria el regreso a casa sin  su hijo, afronto la prueba. Pero la fe de Abraham y su obediencia, se tomaron de la mano, creyendo que si Isaac moría por orden de Dios, el Omnipotente lo levantaría de la muerte con la misma certeza con que había ocurrido el milagro de su nacimiento.

Santiago, al hablar de Abraham, menciona: <<Se cumplió la Escritura que dice: “Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”>> (Santiago 2:23).

El sacrificio exigido a Abraham no fue solo para su propio bien ni tampoco exclusivamente para el beneficio de las futuras generaciones; sino también para instruir a los seres sin pecado del cielo y los otros mundo. Cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramo luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron mas claramente las medidas que Dios había tomado para salvar al hombre (ídem, págs. 150, 151).

 Pidamos que la fe y la obediencia a Dios sean parte de nosotros.

0 26

«Elías, el tisbita, que era uno de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: “¡Vive Jehová, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, hasta que mi boca lo diga”» (1 Reyes 17: 1).

COMO LO COMENTAMOS en reflexiones anteriores, Dios usó al profeta Elías para hacer reflexionar a Acab de su mal camino y de su práctica idólatra. Trajo sobre la tierra tres años y medio de sequía, para que se dieran cuenta de que el dios de la lluvia no era Baal, sino el verdadero Dios creador. Pero como el profeta se convirtió en el vocero del cielo tuvo que huir y protegerse.

Dios usó un medio extraño para sustentar a Elías: los cuervos. Son aves de rapiña que si no hubieran sido dirigidas por Dios, bien podían haberse comido la carne que le llevaban a Elías.

Otro medio que Dios usó para sustentar a Elías fue la pobre viuda fenicia, habitante de un pueblo pagano y desprovista de medios para ayudar a un necesitado. Aquí podemos notar el hecho de que Dios pudo haber elegido otra manera para alimentar al profeta, pero él utilizó lo escaso, lo débil, para mostrar su poder, que se perfecciona en la debilidad (véase 2 Corintios 12: 9).

Por último, cuando Elías huyó por segunda vez a Oreb, después de la victoria en el monte Carmelo, había caminado durante todo un día en el desierto; cansado y rendido, se sentó debajo de un enebro y se durmió. De pronto, lo tocó un ángel que le mostró «una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua», y le dijo: «Levántate y come» (1 Reyes 19: 3-7).

Es interesante reflexionar en los medios que usó Dios para sustentar a Elías en medio de la adversidad. Por eso Dios nos promete: «No serán avergonzados en el tiempo de dificultad, y en los días de hambre serán saciados» (Salmos 37: 19).

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«Aconteció que cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa. La enfermedad fue tan grave que se quedó sin aliento>> (1 Reyna 17:17).

SUCEDIÓ QUE EL HIJO de la viuda enfermó de gravedad y murió. Era su único hijo y su única compañía para la vejez. Entonces,  ella le dijo a Elías: <<¿Qué tengo que ver yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido aquí a recordarme mis pecados y a hacer morir a mi hijo?» (1 Reyes 17:18)

Esa es una reacción muy comprensible. A menudo nos echamos culpa a nosotros y nuestros pecados por las desdichas que nos hieren. <<¿Que hice para que mi hijo enfermara?>> <<¿Que pecado causo esta calamidad en mi vida? » Es cierto que muchas veces el dolor y el sufrimiento resultan de las elecciones pecaminosas que hacemos. pero también es cierto que otras veces las desgracias vienen sin razón aparente. Todos afrontamos tragedias inesperadas e inexplicables. Es parte de lo que significa ser seres caídos viviendo en un mundo caído. ¿Cómo puedes aprender a confiar en Dios y amarlo, aun en medio del dolor?

Elías, en silencio, tomó en sus brazos el cadáver del niño y clamó a Dios.

«“Jehová, Dios mío, ¿también a la viuda en cuya casa estoy hospedado vas a afligir, haciendo morir a su hijo? Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma a este niño”. Jehová oyó la voz de Elías, el alma volvió al niño y este revivió. (1 Reyes 17: 20-22).

En el ruego de Elías notamos que él tenía una relación muy íntima con Dios (lo llama «Dios mío»), y aunque no entendía por qué había permitido que el niño muriera, aprendemos que al tener una relación íntima con el Señor, podemos experimentar mejor su poder.

Si clamamos a Dios en una situación difícil, él nos escuchará.

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