Editorial

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¿Sin tetas no hay paraíso?

La “magia” está en la inversión

Permítasenos el título de esta entrega, parafraseando la obra de Gustavo Bolívar y que luego fue convertida en una exitosa narcoserie colombiana, para referirnos al fracaso del plan para convertir a Zihuatanejo en un “Pueblo Mágico”.

Tal vez recuerde esta serie que primero fue hecha novela, donde la protagonista Catalina Santana (María Adelaida Puerta) es una adolescente que vive en un barrio pobre de Pereira. Catalina es amiga de Yesica “La Diabla” (Sandra Beltrán), una chica que se encarga de conseguirles las niñas más lindas y sensuales del barrio a sus amigos narcotraficantes. Catalina le pide a La Diabla que la presente con ellos, ya que ve cómo sus amigas del barrio comienzan a tener mucho dinero y lujos prostituyéndose. Pero es rechazada varias veces…por el tamaño de sus senos, que son muy pequeños. Por eso se propone como única meta, y cometiendo todo tipo de errores, colocarse un par de implantes de silicona.

El título parece exagerado para una narcoserie, pero fue de muy alto rating porque logró meter a la audiencia al bajo mundo de las esclavas del narco, mujeres que por ambición se convirtieron en parte del harem de ese submundo en Colombia, del cual difícilmente podían salir, si es que nunca.

Pero lo que nos interesa con este comparativo no es la parte oscura de las drogas, que para eso los mexicanos también nos pintamos solos, y seguros estamos que algún mexicano ganarle el crédito a Gustavo Bolívar, aprovechando las historias de horror que se entretejen día a día en este país…Lo que nos importa es el detalle de las tetas de Catalina, que por ser pequeñas le eran un impedimento para entrar a lo que luego se convirtió para ella en un infierno, debido a lo cual tuvo que hacer muchas cosas para conseguir el objetivo de ponerse implantes.

Para los pueblos, la “magia” está en la inversión. Si nadie se preocupa por conservar siquiera lo que se tiene, olvidémonos del paraíso. Nada llega gratis, todo es parte de una planeación, de ir armando un complejo rompecabezas, en el que se incluyan presente, pasado y futuro.

Así podemos decir que ningún municipio, cuando no invierte lo suficiente en su desarrollo y equipamiento, podrá ser atractivo para nadie. Los lugareños nos enamoramos de nuestros pueblos, quisiéramos que nunca cambiaran, pero la historia siempre será compatible con el desarrollo; es decir, conservar lo original, lo que nos da identidad, pero sin quitarnos a nosotros mismos el derecho de ir disfrutando de los avances tecnológicos y científicos.

Estamos de acuerdo que en aras de la modernidad y los cambios muchas cosas se han perdido. Por ejemplo –a propósito del día de la raza-, México perdió gran parte de su historia precolombina, que ahora tratamos de recuperar mediante investigaciones arqueológicas. Se sustituyó por construcciones coloniales, que a su vez fueron decayendo, con excepción de algunas cuantas que aún nos revelan esa época, para dar paso velozmente a la modernidad que vino con la revolución industrial –Inglaterra y Francia dictaban la moda-, y luego con la revolución tecnológica y de telecomunicaciones (rascacielos y edificios inteligentes).

Pero se puede tener lo uno sin despreciar lo otro. No imaginamos a la legendaria Roma, por ejemplo, viviendo aún en las condiciones de la época de los Césares, como un imperio que sobrevivía en ciudades amuralladas.

Así pues, el alcalde Jorge Sánchez Allec tiene claro lo que falta en Zihuatanejo: inversión para crecer y diversificarnos, y darle mantenimiento a lo que ya tenemos. Cuando tengamos esto, ni siquiera necesitaremos que se nos distinga como “pueblo mágico”, porque es mejor ser que parecer. La magia de un destino turístico es ser distinto a otro que también tenga sol, arena y mar. Y eso se logra con obras que nos den identidad, a la vez que se garantice la comodidad para los visitantes, inmersos como están en el mundo de las telecomunicaciones, donde todo es en el aquí y en el ahora, realidad que hace 20 o 30 años no era siquiera imaginable.

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